Lección de Honor

Posted by Punto&Fusa

Hundert, subdirector de un colegio privado de Estados Unidos y Catedrático de historia grecorromana, se esfuerza cada día para que sus pupilos se conviertan en adultos cultos y responsables. Su mayor desafío pedagógico es el hijo de un senador de Virginia (Emile Hirsch), quien no sólo altera el enclaustrado universo de tradición y enseñanza, sino que hace tambalear los sólidos principios del profesor y su propia estima acerca de sí mismo y de su labor. Otros acontecimientos de su entorno confirmarán esa impresión pesimista.

 ‘The Emperor's Club' o "Lección de Honor" comienza con una reunión de alumnos, veinticinco años después de su graduación. Todos –invitados por Sedgewick Bell- rememoran al maestro que influyó en sus vidas, y reviven un certamen de cultura clásica en el que participaran a su paso por el St. Benedict. «Mi éxito en la vida se debe a la influencia que en mí ejercieron algunos profesores», asegura el director Michael Hoffman. «Mientras que mis padres se ocuparon de que yo tuviera una buena educación, fueron ellos quienes influyeron de una manera profunda en mi desarrollo intelectual. Esta película es una oportunidad para rendirles homenaje». Otra de las claves educativas que se sugiere en todo este discurso es la figura del padre en la infancia y juventud de los protagonistas. Un mensaje que el protagonista resume en uno de los múltiples discursos que jalonan el filme: «El final depende del principio. Por favor, retengan estas palabras mientras dan los primeros pasos en el largo viaje que ahora comienza».

 Pero el relato trasciende el hecho pedagógico como tal para remontarse hasta los principios y valores en función de los cuales uno concibe y orienta su vida. Existen dos posturas, repetidas a lo largo de los siglos. Por una parte, la que se basa en los grandes modelos éticos que han elevado a la humanidad, para los que la justicia y la verdad son ámbito nuclear de la dignidad humana y del bien común de la sociedad.

 Y por otra, la pragmática, relativista, utilitarista, nihilista…, en la que la verdad, la honestidad y los principios morales no son lo importante -aunque el sofista de todas las épocas los invoca como si le importaran, reconociendo en última instancia su valor-.

 El viejo principio socrático sirve para colocar a cada uno en su sitio: “Siempre es preferible padecer la injusticia a cometerla”. (La clase del profesor Hundert está presidida por La muerte de Sócrates, de J. L. David) Sin embargo, no es indiferente adoptar un estilo de vida u otro. La realidad sigue estando ahí, y también las demás personas. Por eso el tiempo suele poner a cada uno en su verdadero sitio.

 ¿Quién fue, por cierto, Sutruk Nahunté? - ¿¿Quiéeeen??

Compartir este artículo